Uno de los puntos principales en el ámbito patrimonial en el programa para el mandato de la Junta de Gobierno de la Hermandad de Pasión y Muerte entre 2024 y 2027 es el nuevo proyecto del paso procesional de Ntra. Sra. del Desconsuelo y Visitación, que ha sido aprobado por los hermanos en el Cabildo General Extraordinario.
El sábado 20 de junio, los hermanos en Cabildo General Extraordinario han aprobado el nuevo diseño del paso procesional de Ntra. Sra. del Desconsuelo y Visitación, realizado por D. Antonio Castro del Pozo.
Es un anhelo de esta Junta de Gobierno, así como de todos los hermanos, la incorporación de Ntra. Sra. del Desconsuelo y Visitación a la Estación de Penitencia. No obstante, para la Junta de Gobierno era conveniente hacer una evaluación con respecto al anteproyecto diseñado por D. Pedro Pablo Gallardo Gutiérrez aprobado en 2009 por el Cabildo de hermanos, cuando aún la corporación era Agrupación Parroquial. Actualmente, dicha persona no desempeña su labor profesional como bordador y es la razón principal por lo que se plantea realizar un nuevo diseño completo para el paso procesional de Ntra. Sra. del Desconsuelo y Visitación, comenzando desde cero.
Dada conformidad por parte de D. Pedro Pablo Gallardo a dicha decisión, la Junta de Gobierno, apostando por la juventud, vanguardia y calidad, encarga al diseñador D. Antonio Castro del Pozo, la confección del diseño completo del paso procesional de Ntra. Sra. del Desconsuelo y Visitación, así como el manto procesional que completaría el conjunto.
Durante más de dos años de estudio, reflexión y diseño, se ha trabajado con la intención de dotar a la corporación y al barrio de Triana de un conjunto procesional plenamente integrado en la tradición artística sevillana, pero dotado al mismo tiempo de una personalidad propia y diferenciada.
El objetivo fundamental ha sido concebir un paso de palio capaz de dialogar con los grandes referentes históricos de la Semana Santa de Sevilla, aportando una identidad singular dentro del patrimonio cofrade contemporáneo y alejándose de cualquier repetición de fórmulas ya existentes.
La propuesta nace del convencimiento de que el patrimonio procesional debe evolucionar desde el respeto a la tradición, entendiendo esta no como una mera reproducción de modelos heredados, sino como una fuente permanente de inspiración capaz de generar nuevas aportaciones artísticas. Bajo esta premisa se articula un proyecto concebido desde la unidad estética, la coherencia simbólica y la búsqueda de la excelencia formal.
La definición estética del proyecto parte de la consideración de diversos factores que resultan esenciales para comprender la naturaleza de la Hermandad, de su titular y del entorno histórico y humano en el que desarrolla su vida corporativa.
En primer lugar, la propia imagen de Nuestra Señora del Desconsuelo y Visitación, obra de José Antonio Navarro Arteaga, constituye una referencia fundamental. Se trata de una escultura de profunda sensibilidad, que evoca desde un lenguaje contemporáneo las grandes dolorosas barrocas y academicistas sevillanas del siglo XVIII. Su expresión serena, su nobleza formal y su carácter atemporal exigían un conjunto capaz de acompañarla sin desvirtuar su personalidad.
Igualmente determinante ha sido la naturaleza de la Hermandad de Pasión y Muerte. Aunque se trata de una corporación relativamente joven, posee una marcada identidad penitencial y una concepción estética heredera de las cofradías clásicas de ruán, circunstancia que aconsejaba huir de planteamientos excesivamente efectistas o ajenos a su espíritu fundacional.
Otro elemento esencial ha sido la propia identidad artística de Triana. Pocos lugares de Sevilla han desarrollado un lenguaje plástico tan característico como el del histórico arrabal. La cerámica, la forja, la imaginería y las artes decorativas configuraron durante siglos un universo estético reconocible por su riqueza ornamental, dinamismo compositivo y extraordinaria personalidad. Estas características han quedado reflejadas de manera especialmente notable en el patrimonio procesional de sus hermandades.
Por último, se consideró imprescindible que el proyecto constituyera una aportación artística genuina. Sin abandonar los cánones tradicionales del paso de palio sevillano, se buscó desarrollar una propuesta capaz de enriquecer el patrimonio de la Hermandad mediante la construcción de una identidad visual propia.
Como consecuencia de estas reflexiones previas, se adoptaron una serie de decisiones fundamentales que han guiado el desarrollo del proyecto.
La estética elegida para el conjunto es el Regionalismo, aunque no en su formulación cofradiera más difundida, asociada a Juan Manuel Rodríguez Ojeda, sino en una etapa anterior, vinculada a finales del siglo XIX y los primeros años del siglo XX.
La figura de José Gestoso se convierte así en una referencia esencial. Considerado uno de los principales impulsores del Regionalismo sevillano y gran defensor de la recuperación de la cerámica trianera como manifestación artística, su pensamiento estético impregna gran parte de esta propuesta.
Por ello, la mayoría de los recursos ornamentales empleados proceden del Renacimiento sevillano reinterpretado por el Regionalismo, incorporando asimismo influencias mudéjares que enriquecen el repertorio formal del conjunto.
La orfebrería participa igualmente de esta inspiración, tomando como referencia tanto las piezas platerescas del siglo XVI como la tradición de la forja artística desarrollada históricamente en Triana.
La combinación cromática elegida responde a los colores corporativos de la Hermandad y resulta inédita dentro de los actuales pasos de palio sevillanos.
El morado protagoniza el palio como color asociado a la Pasión de Cristo, mientras que el negro se reserva para el manto procesional, tonalidad históricamente vinculada a las representaciones de la Virgen Dolorosa desde el siglo XVI.
La totalidad de la orfebrería se concibe en acabado plateado, reforzando la elegancia y sobriedad del conjunto.
El proyecto busca recrear la elegancia de los grandes conjuntos procesionales concebidos durante los albores del siglo XX.
Predominan por ello las líneas solemnes y equilibradas, las proporciones armónicas y las siluetas de carácter regio. La suave ondulación de las bambalinas, la presencia de una cornisa rematada por crestería bordada o la configuración de los respiraderos responden a esta intención.
Sin embargo, esta solemnidad no implica inmovilidad. El conjunto incorpora diversos recursos destinados a generar riqueza visual, movimiento y dinamismo durante la procesión.
Uno de los principios fundamentales del proyecto consiste en establecer un diálogo entre los elementos exteriores e interiores del paso.
La orfebrería y las bambalinas exteriores desarrollan un lenguaje más monumental y arquitectónico, mientras que el interior del palio y el manto exploran repertorios ornamentales más refinados y geométricos. Esta dualidad permite enriquecer visualmente el conjunto sin comprometer su unidad estética.
Desde el inicio se consideró imprescindible incorporar un programa iconográfico sólido y coherente que reforzara el significado espiritual del conjunto y contribuyera a enriquecer su lectura simbólica.
El paso ha sido concebido como una obra unitaria, en la que todos los elementos participan de una misma visión estética.
Las proporciones responden a las medidas tradicionales de los pasos de palio sevillanos, buscando un equilibrio visual que permita contemplar el conjunto como una única creación artística. Se ha evitado deliberadamente el exceso decorativo aislado, priorizando el impacto visual global y la armonía entre las distintas piezas.
Las bambalinas exteriores presentan una composición articulada mediante un doble eje de simetría central, generando dos desarrollos vegetales que se expanden hacia los extremos. Los motivos ornamentales proceden fundamentalmente del repertorio decorativo de la azulejería renacentista sevillana, especialmente de la obra de Niculoso Pisano y, de manera concreta, del retablo de la Visitación del Oratorio de los Reyes Católicos del Real Alcázar de Sevilla.
Para su adaptación al lenguaje del bordado se han tomado como referencia determinadas obras de comienzos del siglo XX, especialmente el manto rojo de la Divina Pastora de Capuchinos.
El repertorio incluye hojas de acanto, flores, conchas, pebeteros, guirnaldas y lazadas. Las bambalinas frontal y trasera incorporan sendas cartelas en forma de corona de laurel que albergan los anagramas de Jesús y María.
La crestería surge de una cenefa superior rectilínea y adopta una configuración inspirada en los remates arquitectónicos regionalistas, creando una silueta elegante y singular.
La flequería se desarrolla como una gran guirnalda compuesta por ristras de bellotas rematadas por pequeñas esferas, aumentando progresivamente su tamaño en las puntas. Los tradicionales borlones son sustituidos por cordonerías rematadas mediante elementos bordados, reforzando la originalidad del diseño.
Las bambalinas interiores y el techo de palio han sido concebidos como una única composición continua.
Aquí el lenguaje ornamental abandona la exuberancia vegetal exterior para adoptar formas más geométricas y esquematizadas, inspiradas en los diseños cerámicos de José Gestoso.
El techo desarrolla una sucesión de cenefas concéntricas que enmarcan un campo central decorado mediante delicados motivos adamascados. En el centro se sitúa la gloria, concebida como una composición circular de especial relevancia.
La escena representada corresponde a la Visitación de la Virgen, inspirada directamente en el retablo cerámico del Real Alcázar. Preferentemente, esta representación debería ejecutarse mediante bordado en sedas de colores.
Completan la decoración los escudos del Buen Aire, la Real Parroquia de Santa Ana, el Cabildo Catedral de Sevilla y los atributos pontificios de San Pedro.
Toda la orfebrería participa del lenguaje regionalista neorrenacentista que define el proyecto.
Los varales presentan una estructura estilizada y esbelta, sustentada sobre altos basamentos abalaustrados. Cada uno de ellos incorpora referencias simbólicas a las distintas advocaciones marianas vinculadas a Triana. La decoración combina elementos clásicos del Renacimiento, como cartelas, guirnaldas, conchas y motivos vegetales, con una concepción volumétrica elegante y equilibrada. Los remates sustituyen las tradicionales perillas por estructuras inspiradas en las rejerías renacentistas y regionalistas.
La peana toma como inspiración los cassoni italianos del Renacimiento. Destacan su perfil curvo, las voluminosas volutas laterales, las garras de león que sostienen el conjunto y las decoraciones caladas que recorren su superficie. En el centro se dispone una cartela coronada por un ángel que enmarca un canasto de flores de la pasión.
Las jarras presentan una silueta original caracterizada por la amplitud de sus bases y por el equilibrio entre superficies lisas y decoradas. Destacan especialmente sus dobles asas inspiradas en dragones y delfines, elementos frecuentes en el repertorio renacentista.
La iluminación se articula mediante candelabros ascendentes de tipo piña. Inspirados en antiguos modelos de forja trianera, se han proyectado tres variantes diferentes adaptadas a las distintas zonas del paso. Todos ellos comparten una estructura basada en basamentos abalaustrados, brazos en roleo y tulipas de cristal, rematándose mediante faroles inspirados en relicarios italianos de época renacentista.
Los respiraderos constituyen uno de los focos ornamentales más importantes del conjunto. Se configuran como respiraderos de caja, desarrollando un amplio repertorio decorativo sin interrupciones arquitectónicas. La composición alterna cartelas horizontales y tondos inspirados en el altar cerámico del Santuario de Nuestra Señora del Águila de Alcalá de Guadaíra.
Especial protagonismo adquieren los cuernos de la abundancia y los dragones alados situados en las esquinas, elementos que aportan monumentalidad y una silueta singular al conjunto. Las cartelas contienen referencias a los principales privilegios, dogmas y títulos marianos, mientras que los tondos albergan representaciones del Calvario y de diversos personajes vinculados a la Pasión del Señor. Los faldones, bordados en oro sobre terciopelo morado, establecen un diálogo formal con las bambalinas interiores y el techo de palio mediante la utilización de motivos geométricos afines.
El manto procesional constituye la culminación artística del conjunto. Realizado en terciopelo negro bordado en oro, desarrolla un lenguaje ornamental complementario al del resto del paso. Aunque mantiene la inspiración regionalista neorrenacentista, incorpora una mayor presencia de elementos de tradición mudéjar, evocando determinadas creaciones históricas de la bordadura sevillana.
Su composición se articula mediante una sucesión de cenefas concéntricas que delimitan progresivamente el campo central. Los arabescos, entrelazos y motivos geométricos crean una superficie rica y compleja, heredera de la tradición ornamental hispánica desarrollada entre los siglos XVI y XIX.
El campo central combina amplias composiciones adamascadas con una gran cola ornamental de carácter más orgánico.
Esta cola se organiza a partir de un gran candelieri central del que parten dos cuernos de la abundancia. Sobre ellos aparecen dos ángeles mancebos sosteniendo el paño de la Verónica, en clara referencia al relieve existente en el retablo mayor de la Real Parroquia de Santa Ana.
La composición se completa mediante diversos elementos de las Arma Christi: la cruz, las escaleras, el sudario, la corona de espinas, los clavos, los flagelos, la lanza, la esponja y el INRI, símbolos inequívocos de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo.
Con este proyecto se ha pretendido concebir un paso de palio profundamente sevillano y trianero, respetuoso con la tradición heredada y, al mismo tiempo, capaz de realizar una aportación propia al rico patrimonio procesional de nuestra ciudad.
Cada uno de los elementos que integran el conjunto ha sido diseñado desde una visión unitaria, buscando el equilibrio entre arquitectura, bordado, orfebrería, simbolismo y color. El resultado aspira a ofrecer una obra coherente, armónica y reconocible, en la que cada pieza contribuya a reforzar la identidad visual de Nuestra Señora del Desconsuelo y Visitación.
Lejos de perseguir la mera acumulación ornamental, el proyecto busca recuperar y reinterpretar algunos de los lenguajes artísticos más significativos de la historia de Sevilla y de Triana, poniéndolos al servicio de una creación contemporánea que hunde sus raíces en la tradición.
