La Hermandad del Carmen de San Gil celebra los días 5, 6 y 7 de noviembre, Solemne Triduo en honor a Nuestra Señora del Carmen, comenzando a las 19:00 horas con el siguiente orden de cultos: Santo Rosario, Ejercicio del Triduo, Santa Misa y Salve.
El domingo 8 de noviembre a las 12:00 horas se celebra la Función Principal de Instituto con Protestación de Fe.
Predica: Rvdo. Sr. D. José Manuel Martínez Guisasola.
Para la ocasión, la Santísima Virgen luce un sencillo y elegante hábito carmelita, donde el sobrio tono marrón entabla un hermoso contraste con la capa beige y los ricos bordados del escapulario. Completan su indumentaria la corona y los cetros dorados, así como una artística ráfaga plateada, un conjunto que evoca fielmente la estética que luce la Virgen en el Simpecado de la Hermandad.
Por su parte, el Divino Infante viste túnica rosa bordada en oro, coronado asimismo con potencias doradas que realzan su majestad.
El montaje de este año destaca por una cuidada catequesis visual distribuida a ambos lados de la Virgen, guiando al fiel desde las debilidades terrenales hasta la Jerusalén celestial.
- La credencia siniestra (izquierda): Representa el peso del pecado y la condición humana. A través de elementos como un espejo y una corona (Soberbia), un cofre de monedas (Avaricia), un corazón sobre tela lujosa (Lujuria), una espada (Ira), uvas y una copa (Gula), una serpiente (Envidia) y telas caídas (Pereza), se simbolizan los siete pecados capitales. Todo este apartado aparece entrelazado por ramas de yedra, reflejando el fuerte apego que aparta al hombre de Dios.
- La súplica y la redención: Ante esta realidad, el género humano —representado por dos lenguas de fuego en candelería plateada— implora la mediación de la Santísima Virgen. La penitencia toma forma a través de dos ángeles tenantes (portadores del cilicio y el flagelo), quedando todo supeditado a la Pasión de Nuestro Señor, simbolizada en un magnífico crucificado expirante que abre el camino hacia la salvación.
- La credencia diestra (derecha): Simboliza la gloria de Dios y la Jerusalén celestial. Se compone del Agnus Dei (Cordero de Dios), ramas de palma como símbolo de triunfo sobre la muerte, un incensario con humo ascendente en señal de oración, la luz eterna de los rayos dorados y cirios blancos, y claveles blancos que encarnan el amor divino.
El conjunto cultual se completa con un exorno floral enteramente en tonalidad blanca, compuesto por rosas, alhelíes, astromelias, claveles, tanacetu, crisantemo Boris y hojas de camelias, distribuidos en dos grandes jarras, cuatro violeteras y cuatro centros que infunden esperanza a toda la Humanidad.